Así no, Sr. Ministro

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Carta abierta al Sr. Ministro del Interior del Gobierno de España, D. Jorge Fernández Díaz.

Sr. Ministro, no adornaré innecesariamente mis palabras, ¿para qué?. Total, tengo el convencimiento de que aun llegándole esta carta abierta de un médico perplejo por el tema de las concertinas, ni la va a leer y si lo hace, dudo que remueva nada en su interior (y no es un chiste fácil, el tema es muy serio). Sí; estoy perplejo por sus afirmaciones una vez producida la ratificación del Congreso de los Diputados al mantenimiento de la “concertina” que rodea la valla fronteriza que “acoraza” Melilla. Es que no salgo de mi asombro. Tienen ustedes una mayoría absoluta aplastante, es cierto. Es por tanto legítimo (ya que el Pueblo español lo decidió en las últimas Elecciones Generales) que hagan lo que crean que tengan que hacer. ¿La postura del Gobierno al que pertenece es la de dirigir el país de espaldas al clamor popular en cualquier tema que tocan?, pues no me gusta, pero me parece legítimo, que así es como se decidió en el último sufragio celebrado. Lo que ya no entiendo es por qué justifica lo injustificable, si de todos modos se hará lo que su Gobierno desee. No nos haga comulgar con ruedas de molino, Sr. Ministro. No insulte nuestra escasa inteligencia intentando “vender” conceptos que usted, yo, y cualquiera sabemos que no es cierto. Casi prefiero aquello del “porque lo digo yo…”, que al menos no es rebatible y no hace “bullir” nuestras conciencias. “Si lo dice él…, no hay razonamiento posible”, pero dar un motivo que roza la puerilidad más inocente, no, Sr. Ministro, así no.

Le recuerdo el tema, que igual a día de hoy ya no lo recuerda bien. Lo entiendo. Un Sr. Ministro de Interior del Gobierno de España, debe ser un Sr. tan ocupado y con tantísima responsabilidad que igual no recuerda o no cae en la incoherencia de algún asesor ministerial malintencionado que no le ha informado bien, ya que me extraña que usted, Sr. Ministro, siendo como es Ingeniero Industrial, y encima, perteneciendo al Cuerpo de Inspectores Superiores de Trabajo y Seguridad Social del Estado, podría darnos clases magistrales sobre materiales, ángulos de incidencia de una superficie sobre otras, resistencia de materiales, etc.

No nos desviemos, es que se me va un poco la cabeza, aunque en mi caso, igual me lo puedo permitir, yo solo soy médico. La historia que motiva esta carta abierta que le aseguro que sale desde el corazón, y no tiene otro motivo que expulsar la perplejidad y la tristeza que me ocasiona la noticia (usted no la leerá) es su afirmación convencida (supongo) de que las cuchillas de la valla fronteriza de Melilla, de reciente instalación a instancias del Gobierno al que usted pertenece, solo producen “erosiones leves”, que solo son disuasorias.

Me encantaría que usted, Sr. Ministro, me explicara varias cosas. La que primero llama la atención, es la contradicción del binomio “erosiones leves” – efecto disuasorio. Es que no le he debido entender bien, yo solo soy médico y por supuesto no tengo su responsabilidad. ¿Qué efecto disuasorio tiene algo que produce erosiones leves? Mire usted, Sr. Ministro, como sin duda debe saber, erosiones leves, son las que me produzco en manos y antebrazos cuando corto una rosa de su rosal para regalársela a mi señora sin cubrirme la zona convenientemente. Eso son erosiones leves. Las cuchillas de la concertina, no son espinas de un rosal, son cuchillas. Le invitaría a ver una autopsia en la que la persona fallecida que yace en la fría mesa de una sala de patología de un Instituto de Medicina Legal cualquiera, ha muerto por acción de un arma blanca y que en un vano intento de defenderse, ha intentado agarrar la hoja. Imagine Sr. Ministro, usted tiene nivel académico sobrado para hacerlo. LAS CONSECUENCIAS SON DEVASTADORAS. ¿Sí?, sigamos pues que termino enseguida. Imagine ahora, que esa imagen anterior que le he pedido que tenga en mente (la de la mano después de agarrar la hoja de una navaja (por poner un arma blanca portable y relativamente pequeña), esas que solo de imaginar le ha dado una especie de cosquilleo que le acaba de subir por su columna y se ha parado en una desagradable desazón en la zona de su estómago (no abusaré llamando a la zona epigastrio, que es como se llama, que usted es ingeniero y no médico, aunque hable de lesiones). Decía, que imagine que en vez de una navaja, son decenas de cuchillas por todo el cuerpo. ¿Duele? ¿lesiona?, ¿mata si corta una arteria carótida y la persona se engancha tras el corte?, ¿qué pasa con los ojos y las orejas?.

Claro que es disuasoria, Sr. Ministro. Pero imagine por un momento, que usted y yo, en vez de estar cómodamente sentados a la mesa disfrutando de un almuerzo familiar (que además cada vez es más difícil en este país, pero ese no es el tema de hoy), estamos inmersos en una situación de guerra o de pobreza extrema. Igual ya no es tan disuasoria, y la amputación de un dedo o un desgarro de tendones del antebrazo es una opción asumible.

¿Se ha parado a pensar, ahora que un Tribunal Internacional ya nos ha dado una bofetada moral con la Doctrina Parot, lo que supondría para las arcas públicas si a alguien en uno de esos “malvados tribunales” que sentencian en contra de España se le ocurriera cargar la Responsabilidad Civil de todas las lesiones sobre su Ministerio?. Si, esas que sus asesores no le han debido contar. Usted, terminaría pagando igual que yo esa responsabilidad, que para eso somos españoles de bien que pagan sus impuestos, pero es que yo no quiero lesionar a sabiendas a otro ser humano con unas cuchillas que le aseguro Sr. Ministro, provocan lesiones muy graves. Créame, le hablo desde mi campo de conocimiento. Podría haber enfocado esta carta abierta desde un modo mucho más sensacionalista, poniendo fotos de cortes por objetos vulnerantes de similares características a las cuchillas de la valla de Melilla, pero creo que no es necesario para una persona de su nivel. Sé que usted es capaz de hacerse una imagen mental de las consecuencias. De verdad, espero por todos nosotros, que sus afirmaciones sobre la levedad de las lesiones, haya sido fruto de un problema de comunicación con sus asesores y que tenga la nobleza de rectificar esas afirmaciones. Luego, si usted quiere, Sr. Ministro, intente convencernos con otro argumento, pero no nos insulte contándonos que solo producen “erosiones leves”. Aunque usted no leerá esto, es un hombre muy ocupado, y si lo hace dudo que lo tome en consideración si afirmó sin pestañear “las bondades” de la concertina.

Estimados lectores, no salimos de una reflexión desgarrada para caer en otra, pero es que los tiempos son convulsos. No estamos en guerra en nuestro medio, pero parece que el Ser Humano se las arregla para ir autoflagelándose. Dejo a su consideración esta carta abierta. Es mi opinión personal, no se basa la entrada de hoy en la última publicación científica de turno. Tan solo es una impresión de pensamientos que resultan cuanto menos desesperanzadores. No me resisto a pensar que el Ser Humano no pueda llegar a tener la Felicidad como objetivo cuando debería ser obligación para todos. Hoy tampoco traducirá el título del post al inglés, es un tema de España y para España. Bastante avergonzado me siento ya, como para publicarlo fuera, lo siento.

Que tengan un feliz día, estimados lectores.

Eduardo Ramos About Eduardo Ramos
Eduardo Ramos Campoy. Mente amplia e inquieta, de curiosidad insaciable. Ejerciendo en la actualidad como Médico Forense en el Instituto de Medicina Legal de Málaga. Máster en Ciencias Forenses y Derecho Sanitario. Especialista Universitario en Psiquiatría Forense.

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2 comentarios de “Así no, Sr. Ministro

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