Cuatro esquinas tiene una radiografía

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Radiografía de tórax

Radiografía de tórax

“Cuatro esquinas tiene una radiografía”. Cinco palabras que no parecen significar mas allá de lo que expresan. A modo de koan zen, me gustaría usarlas hoy para hacer una reflexión sobre la efectividad profesional y sobre la vida en general.

Four Corners has an X-ray

“Four Corners has an X-ray.” Five words that do not seem to mean beyond what they express. As a zen koan, I would use today to make a reflection on the professional effectiveness and life in general.

Bajo esta frase, sencilla aparentemente, que en realidad lo es, se esconde toda una filosofía de vida que en el mundo de la búsqueda profesional de la verdad en el ámbito de la Justicia, debería ser esencial. Antes de que nuestros estimados lectores empiecen a pensar que empiezo a tener ideación delirante por agotamiento, déjenme contarles el origen de la frase que titula el artículo de amplia-mente.com.

“Cuatro esquinas tiene una radiografía”, fue una frase que el autor de estas lineas oyó por primera vez cuando en sus prácticas de radiología, en la asignatura del mismo nombre  que se cursaba en sexto curso de la entonces licenciatura en Medicina y  Cirugía, el profesor que impartía dicha clase la pronunció. Seguramente  la hilaridad que provocó aquella aseveración, fue muy superior al desconcierto que todavía les debe estar provocando a ustedes, estimados lectores, pero enseguida me explicaré. Aquel buen profesor, (desconozco si la frase era de su invención), tras la vuelta a la calma del pequeño revuelo que provocó y desde luego con toda nuestra capacidad de atención incondicionalmente entregada, nos advirtió de esta gran verdad. Nos contaba que no pocas veces, fruto de la confianza, la costumbre, el hastío; se podía dar el caso de que ante una simple radiografía póstero-anterior de tórax (por ejemplo), nos podíamos encontrar con una patología evidentísima (un indice cardiotorácico claramente patológico) y no darnos cuenta de una diminuta fractura clavicular (por ejemplo). No debería pasar, es cierto, pero puede pasar.

Este contexto, tan teórico, tan evidente, es aplicable a todas las situaciones de la medicina  y de la vida en general. Es precisamente en la observación de todas las esquinas de la radiografía que se nos presenta (o del informe de urgencias, o de la escena de un levantamiento de cadáver, etc), la única manera de asegurarnos un trabajo bien hecho. Unos dirán que un trabajo protocolizado es la única manera de no pasar detalles por alto, Es cierto, Otros rebatirían que lo que realmente impulsa esta búsqueda minuciosa de todos los datos posibles es un celo y una ilusión por el trabajo que se realiza, y también llevarán razón. Seguramente será la conjunción de todos estos factores lo que nos de la clave para no dejar pasar cualquier dato alojado en una de esas “cuatro esquinas de la radiografía”. A un compañero y buen amigo, en las lides profesionales de la pericia médica, le he escuchado hasta la saciedad que la Medicina Legal es la “ciencia de los pequeños detalles”, y estoy de acuerdo completamente. Es en muchas ocasiones, ese pequeño detalle la clave que nos lleva a poder encajar todas las piezas ofrecidas en la investigación que se nos encomienda.

Les cuento un caso real, por supuesto sin nombres, sin localizaciones y sin especificar protagonistas. Con el inicio del invierno (realmente con el inicio de los primeros fríos intensos), Cuerpos policiales de una localidad cualquiera de España, trasladan a un indigente al hospital de referencia ante la apariencia de un mal estado de salud. Efectivamente, esta persona fallece por la patología que prefiera cada lector. En ese hospital, el médico encargado, tiene muy claro el motivo del fallecimiento tras varios días de ingreso hospitalario y decide certificar su muerte. El problema es que tras este tiempo, todavía no se ha conseguido identificar al ahora cadáver. Puestos en contacto con el Médico Forense de guardia y con el Juez instructor de guardia, se decide expedir el correspondiente certificado medico oficial de defunción con el cadáver sin identificar y el Juzgado se encargaría de poner nombre y apellidos al fallecido. Afortunadamente, en España todos sus habitantes han cedido las huellas dactilares de ambos dedos índice de ambas manos como dato indispensable para la confección del documento nacional de identidad. En el caso que nos ocupa, infructuosamente, pues no están las huellas del cadáver en la base de datos del DNI y tampoco constan como fichadas en el archivo de detenciones policiales. Se tuerce la cosa. Lo que en un principio parecía un caso fácil y rutinario, empieza a entrar en vía muerta. Se decide (tras algo mas de dos meses de cruce de oficios entre Juzgado instructor y cuerpo policial de turno), tomar una muestra de ADN al cadáver para intentar cruzar el resultado con las bases de datos policiales interconectadas por todo el planeta (igual hay suerte). Al abrir el sudario, es inevitable, aconsejable, obligatorio diría yo, observar al cadáver (las cuatro esquinas de la radiografía) y entre los detalles que se observan, se aprecia un objeto que porta el cuerpo (que no había sido retirado en el hospital, desconozco si a posta o no) que orienta (no es concluyente) hacia uno de esos veteranos de guerra que tras volver del conflicto de turno, lo hace con patología mental que lo termina abocando a la indigencia. Esta “esquina de la radiografía”, nos puede dar una vía de investigación con la que no contábamos. Nos ayuda en este caso por dos motivos. El primero y mas sencillo, porque quizá la organización al cuidado de los veteranos de guerra con problemas hacia la que orienta ese objeto (una pulsera), lo ha echado en falta. La otra ayuda es que si este veterano tiene una toma de muestras de ADN a efectos identificativos, igual se encuentra en una base de datos militar ajena al ojo de Interpol y su comprobación requiere de una petición especial. En este caso, quizá no se observaron las cuatro esquinas de la radiografía que se presentaba y se agotaron todas las vías de investigación prematuramente. Es posible que tras la nueva pista, no se llegue a nada, pero no será por haber dejado de investigar en la totalidad del caso.

Estimados lectores, observen siempre las cuatro esquinas de la radiografía.

Le deseo un feliz día.

Eduardo Ramos About Eduardo Ramos
Eduardo Ramos Campoy. Mente amplia e inquieta, de curiosidad insaciable. Ejerciendo en la actualidad como Médico Forense en el Instituto de Medicina Legal de Málaga. Máster en Ciencias Forenses y Derecho Sanitario. Especialista Universitario en Psiquiatría Forense.

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