Ampliando el verano IV: El lado oscuro de las redes sociales

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¿Debemos volver al cepo medieval?

¿Debemos volver al cepo medieval?

Estimados lectores, ha llegado el verano a amplia-mente.com, dado que en esta época la publicación de artículos científicos disminuye considerablemente y dado que los autores de este blog, como todo el mundo se merece un descanso veraniego, este año hemos decidido publicar artículos que ya han sido publicados en nuestro blog en el pasado, para hacer hincapié en algunos temas ya tratados. En esta ocasión, la reflexión que ofrecimos en agosto de 2014 giró en torno la exposición a los medios de comunicación de ciertas noticias sin la adecuada confirmación. El relato interesado de un hecho deplorable, que posteriormente se demostró como falso, supuso el linchamiento moral y mediático de los presuntos autores, los cuales, tras la demostración de la realidad, pasaron a convertirse en víctimas de todo un proceso de enjuiciamiento popular sin sentido.

EL LADO OSCURO DE LAS REDES SOCIALES

No es la primera vez que mencionamos esta expresión, en amplia-mente.com, “El lado oscuro”. Con ella queremos mencionar esa faceta autodestructiva del Ser Humano, pero en este caso no nos referimos a la pulsión autodestructiva que el psicoanálisis atribuye a toda persona (Thanatos) y que se opone a Eros o la pulsión de vida. Hoy nos referiremos al impulso autodestructivo del Ser Humano como grupo, hablaremos de la manada humana.

Añadido a este impulso negativo, tenemos el fácil acceso al enorme torrente de información que al contrario de lo que ocurría en los albores de la era de la comunicación en la que nos encontramos inmersos, ahora es no solo interactivo (lo que suponía la Red 2.0), sino que además es interactivo y multidireccional (pasamos a la tan manida expresión Red 3.0). Sin duda estos adelantos en la comunicación (mejor dicho, en las herramientas de comunicación) son parte de la evolución de la especie humana, pero últimamente, tambien se están convirtiendo en un arma de unas personas a otras. Hoy quiero hablar de las redes sociales y del uso torticero de las mismas por unos pocos para someter, adoctrinar, “aborregar” o simplemente dañar a otros.

Como muchos de ustedes sabrán, amplia-mente.com se escribe desde el sur de España. Sus autores, se encuentran físicamente ubicados en la provincia de Málaga. Si, Málaga, epicentro del terremoto mediático en lo que a violencia contra la mujer se refiere. Les pondré en antecedentes, luego podrán leer los enlaces a la noticia tras la puntualización que antes desearía hacer.

El día 15 de agosto, se daba el pistoletazo de salida, un año mas a la cada vez mas multitudinaria Feria de Málaga. Todo perfecto, fuegos artificiales, fiesta, alegría que haría olvidar durante una semana los rigores de la crisis, etc. Pero muy pronto, concretamente con las primeras luces del domingo 17 de agosto, se convulsionaba la realidad informativa con la terrible noticia (entonces así se percibía) de una presunta violación en grupo a una chica que trabajaba en una de las casetas de la fiesta. Imaginen estimados lectores la velocidad de transmisión de la noticia. Tras ser encontrada la chica presuntamente agredida, entre lágrimas, por parte de la Policía Local de Málaga; muy pocas horas después y gracias las detalladas descripciones de los agresores que proporcionaba por la propia víctima, éstos eran detenidos.

Todo estaba aparentemente resuelto ante el reconocimiento de los presuntos agresores. Resuelto y juzgado, al parecer, pues desde ese momento una caterva de usuarios de estas redes sociales, daban por culpables a los detenidos sin que se conociesen los hechos todavía. Además, en contra de los presuntos culpables (al menos en ese momento), nos encontrábamos con que pertenecen a uno de los barrios mas marginales y conflictivos de Málaga. ¡Todo encaja!, debieron pensar una serie de personajes, de los que no mencionaré a ninguno en concreto, pero que desde el acceso a la información en tiempo real que suponen Twitter y Facebook, se han convertido en prescriptores de información, sea cierta o no. Evidentemente, en los tres días que la Ley faculta a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad a retener a los sospechosos, la investigación seguía su curso a pesar de lo que el gran público supone en estos casos. Y las redes sociales no callaban, el linchamiento público estaba servido.

Pero llega el día de puesta a disposición judicial de los presuntos agresores. Estos, evidentemente pensarán ustedes, se declaran inocentes y alegan que las relaciones sexuales existieron y fueron consentidas. Lo que ya no tiene tan claro toda esa masa de “opinantes” que ya habían condenado a los cinco detenidos, es que evidentemente, junto a éstos, se presentarían las pruebas obtenidas en la investigación del caso. Y ¿qué pasó?, “explota” el terremoto informativo. Los detenidos eran puestos en libertad con cargos. Mal asunto, pensaron aquellos que empezaron a volcar la ira acumulada hacia la Justicia en general y sobre todo hacia la jueza instructora en particular. Lo peor venía un día después. A tenor de las pruebas ofrecidas, se decide el archivo provisional del caso y las partes implicadas (tanto defensa como acusación particular y Ministerio Fiscal) muestran su acuerdo con la medida. Lean ustedes ahora el enlace a la noticia en los dos principales diarios de la ciudad de Málaga, como son Diario Sur (que dedica incluso un editorial) y La Opinión de Málaga. Como la mayoría de ustedes ya saben, el autor de estas líneas ejerce como médico forense en Málaga precisamente y por tanto ha ido conociendo del caso en primera persona pues las actuaciones no han sido secretas en ningún momento, siendo además retransmitidas por los medios casi en tiempo real. Resulta muy curioso que han sido las noticias publicadas en los dos medios anteriormente mencionados los que se han ajustado a la realidad de una manera mas fidedigna. Digo que resulta curioso, pues son dos medios de comunicación local y por tanto de presencia física en toda la vorágine provocada.

¿Qué ha pasado finalmente?, pues que toda la masa social que ya opinó y juzgó a los presuntos culpables, no se dio por contentada. No tenían a sus culpables en el cepo medieval prestos a someterlos a escarnio público lanzándoles comida podrida en la plaza del pueblo. Muy al contrario, se hace a la jueza instructora culpable de la situación acusándola de no haber investigado la causa.

Estimados lectores, nos guste o no, en nuestro ordenamiento jurídico, existe la presunción de inocencia y por mucho que nos choque, un delito contra la libertad sexual ha de probarse igual que cualquier otro. Atrás quedaron, afortunadamente aquellos tiempos oscuros en los que una acusación sin pruebas, y solo basada en la credibilidad de la parte denunciante o la falta de ella en la denunciada, servía para condenar a alguien. Y no es que en este caso que nos ocupa se le haya pedido a la presunta víctima que pruebe la agresión, no estimados lectores, ha sido el Cuerpo Nacional de Policía, medico forense y médicos asistenciales los que han aportados las pruebas y estas pruebas han resultado ser contrarias a la versión de la parte denunciante, es decir, las pruebas halladas corroboran la versión ofrecida por los denunciados respecto al consentimiento de la presunta víctima.

¿Es válida esta situación para la ciudadanía?, pues parece que no. Se ha dudado sobre la parcialidad de la jueza instructora, se ha dudado sobre el protocolo exploración y de recogida de muestras, se ha dudado de la Justicia en general, ¿por qué?, ¿nos vale el proceso penal a seguir en cualquier delito excepto en aquellos cuya investigación es contraria a lo que creemos o deseamos?

Estimados lectores, ha sido entristecedor comprobar como dan igual las garantías procesales que nos hemos ido construyendo con el paso de los años para evitar situaciones de abuso de poder que no hace tantos años sucedían en este país. Pero ademas de triste, ha sido vergonzante comprobar como ciertos personajes mas o menos públicos y notorios, sobre todo en redes sociales, han vertido opiniones y toda clase de “barbaridades” demostrando no haberse molestado siquiera en conocer las pruebas objetivas aportadas para dar a conocer su opinión. ¿Cómo es posible que profesionales a los que se les supone un conocimiento de la exploración médico legal den por errónea la investigación sin haberla llegado a conocer? No es gratuita esta afirmación, estimados lectores, se ha llegado a afirmar tal o cual situación solo por suponerla sin comprobar que todo lo explorado se ajusta a la lex artis de la exploración de un caso de presunta agresión sexual. ¿Les ha parecido rápida la obtención de resultados?, puede ser, pero aquellos resultados analíticos que suelen tardar mas en las investigaciones de estos delitos (como es el caso del estudio del ADN) quedaban corroborados por la asunción del hecho por los presuntos culpables (recuerden que admitían las relaciones, no así la falta de consentimiento). Afortunadamente en los tiempos que corren (con un panorama totalmente distinto al que había hace tan solo hace 10 años), las instituciones asistenciales prestan una colaboración total a la Administración de Justicia y muchos de los datos que antaño tardaban semanas o meses en ser conocidos, se obtienen prácticamente en el mismo día. ¿Toxicología?, por supuesto.

Estimados lectores, no es de recibo el linchamiento público al que se han sometido los profesionales implicados, con especial incidencia en la jueza instructora. Quien hoy les escribe, triste y bochornosamente tenía la impresión tras la lectura de lo vertido en redes sociales que alguno de estos personajes, la mayoría anónimos y algunos (demasiados) públicos, parecían desear que el brutal relato de la parte denunciante hubiese acaecido sin ningún género de dudas. Desgraciadamente para este tipo de personas y afortunadamente para la víctima, los hechos objetivos probados indican lo contrario. No le den mas vueltas y no supongan aquellas personas que aún alberguen dudas; se han tenido en cuenta todas las circunstancias concurrentes y se han tomado todas las medidas exploratorias propuestas por estos nuevos gurús de la era digital.

Reflexionemos todos. Hoy no traduciré al inglés el artículo, sinceramente me da vergüenza lo que ha pasado en mi país, como para difundirlo. Lo siento.

Gracias por su atención.

Eduardo Ramos About Eduardo Ramos
Eduardo Ramos Campoy. Mente amplia e inquieta, de curiosidad insaciable. Ejerciendo en la actualidad como Médico Forense en el Instituto de Medicina Legal de Málaga. Máster en Ciencias Forenses y Derecho Sanitario. Especialista Universitario en Psiquiatría Forense.

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